10 de abril de 2012

En Finlandia la educación no sufre recortes

Malos tiempos para todo lo que no sea servir al capital. Al menos eso es lo que les interesa hacernos creer a algunos, lacayos como son de quien consideran que los puso en el poder. Deberíamos creernos que hay sacrificios que son necesarios. Deberíamos creernos que la austeridad pública nos ayudará a ser más fuertes en el futuro. Deberíamos creernos una cosa y la opuesta, pues es la fiesta de la confusión en la que estamos sumidos (y que les interesa fomentar).
Si ahora vemos que la [supuesta] bonanza económica española de la primera parte de la década de los 2000 se asentó sobre una desaforada expansión de la construcción, a cuyo abrigo se acogieron un buen número de jóvenes atraídos por anteponer un salario básico a la inversión en su futuro, no podemos quejarnos de que muerto el perro, se acabó la rabia, aunque, en este caso, fuera al contrario. No podemos olvidar que el perfil de buena parte de los [entonces nuevos] empresarios de la construcción era muy cercano al de aquéllos que contrataban: gente sin formación ni preparación, ambiciosos de recoger mucho en poco tiempo. Con el agravante de la falta de ética y consideración mínimas, amparados por una legislación benevolente con el chanchullo. Los más avezados están tratando de repetir el modelo ahora en países emergentes del este de Europa o de América Latina; otros se arrastran por predios en los que todavía la chapuza y el trilerismo les permiten recrear su hábitat natural (como el caso del fútbol).
El principal error del gobierno anterior fue no querer poner freno a tales desmanes en su primera legislatura, quizá por el medio a una ralentización de la economía. Posiblemente, una gestión eficaz que hubiera acotado la capacidad de estos depredadores nos hubiera devuelto una economía más higiénica. Para mí, el segundo gran error del gobierno anterior fue su incapacidad para gestionar una crisis que se vino encima durante la segunda legislatura sin que se dieran cuenta. El gran error del gobierno actual es hacer pagar a la estructura del estado de bienestar los errores privados.
Una de las mentiras que apoyó en campaña el partido en el gobierno fue la infabilidad de la Sanidad y de la Educación. Quienes no confiábamos en esas promesas no hemos tenido que esperar mucho para comprobar su incumplimiento. Recortar en Educación significa hipotecar el futuro por un presente tenebroso. Es poner las bases para que surja una nueva generación de indocumentados que trate de ganar mucho dinero en poco tiempo y con artimañas bastante dudosas. Es repetir el modelo de los huevos de oro otra vez. Y generar nuevos ricos sin cultura ni preparación que, encima, serán mal vistos por los de toda la vida, sin mayor preparación ni cultura (ni falta que les hace).
Los logros conseguidos por la educación pública en España en los últimos 30 años son evidentes. Con algunos problemas, pero viniendo de una situación de esclerosis patente, la educación en España ha progresado hasta conseguir una formación básica de calidad, accesible y gratuita, lejos de las manipulaciones sectarias que tuvimos que padecer muchas generaciones anteriores. El gobierno actual pretende derribar los cimientos de lo conseguido y esquilmar la enseñanza pública. Las reducciones presupuestarias que decían no aplicar al entorno educativo están empezando a ser evidentes. A la congelación de plantillas de profesorado, la cancelación de convocatorias de nuevas plazas y la limitación de las interinidades nos añaden ahora una nueva serie de desmanes.
Por una parte nos encontramos que pretenden volver a subir las ratios de alumnos por aula. En un país con una tasa de fracaso escolar del 30% supone no poder dedicar los recursos necesarios a quienes más los precisan, pues los desdobles y las clases de apoyo serán las primeras víctimas. Y esto solo sucede en la escuela pública; raramente la privada (ya sea concertada o no) presta la debida y necesaria atención a las personas con necesidades específicas. Este argumento solo se sostiene porque la mayoría de centros concertados y privados nunca respetó dicha ratio.
Además han decidido cancelar los programas de escolarización pública para menores de tres años. Más grave aún es el argumento esgrimido: no es una etapa vital en el desarrollo educativo. ¿A quién pretenden engañar? Las bases de la psicomotricidad y de otras actividades intelectuales se desarrollan en esos tres primeros años y su adquisición condiciona el desarrollo posterior de la persona. Aun no formando parte de la educación obligatoria del niñ@ no seguir adelante con la implantación de nuevos centros públicos para niñ@s de 0 a 3 años es una merma notable en el proceso educativo del país. Por no hablar de que la incidencia de esta cancelación recaerá sobre los ciudadanos con menor poder adquisitivo. Quienes puedan permitirse pagar una guardería privada no tendrán ese problema.
El recorte en el gasto público supondrá que habrá más estudiantes con dificultades que abandonarán sus estudios antes de acabar secundaria. Esto supondrá un incremento de la tasa de fracaso escolar. No solo es endeble el sistema educativo español sino que la asfixia económica pública lo va a convertir en anoréxico. Y un sistema educativo endeble supone menor capacidad y mínima competitividad.
Por si fuera poco, los logros sociales de la escolarización universal de hace 30 años parecen diluirse como un azucarillo. Ayer se publicó la noticia por la que dos centros escolares de titularidad ultracatólica vuelven a entrar en el concierto de primaria y secundaria pese a segregar a los alumn@s por sexos en el aula. La razón esgrimida es que la administración de los mismos es única. Patético. 
Mientras tanto en Finlandia continúan importándoles la educación. Los niñ@s finlandeses entran en el sistema escolar a los 7 años, y no aprenden a leer en ningún caso hasta esa fecha. La escuela finlandesa de Educación Primaria y Secundaria es generalmente una escuela pública muy descentralizada. La disciplina es alta, hay deberes en casa y se potencia el esfuerzo. Se reconoce la excelencia, y la ratio profesor-alumno es más baja que en España. La atención a la diversidad se realiza o bien atendiéndola por intereses o bien mediante el trabajo de dos profesores por aula. Cuando hay alumn@s con dificultades la atención a los mismos se realiza muy precozmente. En todos los centros hay una comida gratuita al día para todos los alumn@s. Existen redes de bibliotecas escolares bien conectadas y muy accesibles a toda la comunidad, con personal muy especializado. Lo que realmente diferencia a Finlandia del resto de países es su exigente proceso de selección y formación de los docentes de Educación Primaria y Secundaria. Los profesores se encargan de transmitir al tesoro nacional (sus hij@s), el patrimonio y el bien cultural más preciados: su lengua y cultura.
En Finlandia la estructura de la familia es postpatriarcal, en la que domina el valor luterano de la responsabilidad sobre la propia vida. La familia finlandesa se considera la primera responsable de la educación de sus hij@s. Por otra parte existen mecanismos del Estado que garantizan la compatibilidad laboral y la vida familiar, especialmente para las mujeres. Las instituciones sociales o culturales (no escolares) potencian diferentes dimensiones educativas. En Finlandia destaca la gran red de bibliotecas que son muy accesibles a todos los ciudadanos. Desde 1800 la Iglesia Luterana finlandesa exige saber leer a los dos cónyuges para poder casarse. Otro aspecto que potencia la competencia lectora es que la televisión y el cine ofrecen siempre toda su programación en la lengua original. Los niñ@s tienen que aprender a leer rápidamente los subtítulos para poder entender los programas, películas, y dibujos animados.
Aquí da la sensación de que los que mandan prefieren volver al modelo pre-constitucional. Más barato (para los mercados) y más lucrativo (para los de siempre). Y ya encontrarán más adelante la forma de engañar a PISA (o, quizá, les dé igual).
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