16 de febrero de 2012

Después de los mercados vendrá el informe PISA

¡Qué bien! El año que viene vamos a poder demostrar que en España somos los mejores y tenemos el mejor alumnado. ¿Cómo se entiende, si no, que brillen en sus especialidades Rafael Nadal, Pau Gasol, Alberto Contador...? Tienen el ADN español. Y eso ya debe ser suficiente para estar, por lo menos, delante de Francia, que parece ser el enemigo a batir.
Mira que nos están poniendo difícil eso de ser europeos. Por si acaso hay alguna duda. parece que los nuevos inquilinos de despachos ministeriales y consejerías están dispuestos a que así parezca. Hay que tratar de segregar a los mejores alumnos y ponerlos juntos, para que la excelencia rebose. Da igual si es un entorno familiar determinado o a esos centros de enseñanza no son accesibles a todo el mundo. Lo importante es ponerlos en marcha para que puedan servir de referencia para el estudio.
Y da igual también que los alumnos provengan de unas zonas o de otras, hay que tratar de que los resultados que registre el informe puedan posicionar a España donde siempre ha debido estar.
Sin embargo, el Informe PISA es más ecuánime de lo que pueden llegar a pensar los sesudos responsables educativos y no permite que el muestreo sea seleccionado de una manera dirigida, sino que se sigue una propuesta más aleatoria. Y hay otra cosa peor: no vamos a mejorar los penosos resultados del anterior informe. Todos sabemos que el sistema educativo español hace agua por todos los lados. Tanto PSOE como PP (con la colaboración territorial de PNV, CiU, PAR, BNG y compañía) han luchado por crear un sistema (o, mejor dicho, diecisiete), basados en intereses ideológicos y en los que el centro son los resultados de la evaluación individual del alumno.
El alumno es un mero producto al que hay que etiquetar una serie de veces a lo largo del curso y que, según esas etiquetas, le hacemos creer que ha aprendido o que debe repetir el procedimiento. A poder ser, que sean pocos. A los demás, les hacen creer que han aprendido. Los intereses, las características individuales de cada alumno deben ser estandarizadas en tres grupos: los excelentes, los normales y los tontos.
El profesorado es harina de otro costal. En algunas ocasiones, incluso desde aquí, hemos vertido críticas sobre ellos. Pero ellos no dejan de ser sino el resultado de un sistema maniqueo y mal estructurado. Resulta lacerante encontrarse con gente que no ha tenido que demostrar su conocimiento, habilidad y capacidad desde el día que aprobó la oposición, hace dos, tres, cinco, veinte o más años. En algunos casos están repitiendo el mismo programa desde que empezaron. Sus mayores desazones provienen de los cambios en el sistema educativo (algunos entraron con la LODE, la gran mayoría lo hicieron con la LOGSE y solo los últimos han entrado con la LOCE o la LOE). El panorama, desmotivante, incluso, para los más motivados (que los hay, pocos, pero muy buenos).
El sistema educativo falla desde los cimientos. Ha de estar centrado en el alumno y buscar su progresión y aprendizaje efectivo. Y entender que cada alumno ha de tener su propia progresión. Y no una producción estandarizada. Los docentes deben ser formados para atender esta diversidad (y no la ficiticia que suele aparecer en la mayoría de los centros - públicos, claro). Y ayudar a que el alumno aprenda a aprender. Y aprenda a pensar y a tener criterio y espíritu crítico (no son buenos tiempos, pero no cejaré por ello en insistir). Debemos ayudarles a que los alumnos se conviertan en personas.
Y no olvidemos que la [escasa] excelencia docente se encuentra hoy en día en los centros públicos, que son quienes más van a sufrir los temidos recortes presupuestarios, aunque sea para beneficiar a concertados y privados (la Comunidad de Madrid lleva ya unos cuantos años de ventaja segregacional con respecto a otras comunidades).
¿Se puede admitir que un alumno de 18 años, después de 15 de supuesta formación en inglés, sea incapaz de cubrir los requisitos mínimos para cubrir las competencias del nivel A2 del Marco Común de las Lenguas? Pues la mayoría son incapaces de formular dichas competencias. Eso sí, han obligado en determinados centros a impartir otras asignaturas en el idioma a profesores sin el mínimo conocimiento del mismo para poder colgar el cartel de centro bilingüe.  Es lacerante escuchar a los adolescentes cómo preparan sus exámenes de idiomas con el traductor de Google. Y les funciona. A fin de cuentas, se prima la memoria sobre la investigación, la reflexión o el espíritu crítico. Que llegarán lejos... aunque no puedan pasar los Pirineos.
No solo nos estamos cargando nuestro presente, sino hipotecando nuestro futuro y el de nuestros hijos. Solo quien se lo pueda pagar podrá aspirar a dominar bien un segundo idioma (del mismo modo que en Europa ya dominan un tercero). Y perpetuaremos nuestro error. Siempre nos quedará Francia para poder criticarla porque la tortilla de patata es más sabrosa que la francesa.
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