19 de abril de 2010

La reputación en las redes sociales

Si en algo han contribuido las redes sociales a la comunidad ha sido en su democratización. Nadie es más que nadie y el reconocimiento en ellas se basa en lo que cada uno aporta, independientemente del título que se ponga uno mismo en su perfil. La aportación de contenidos diferencia el comportamiento de unas personas y otras. Esto no quiere decir que deban desaparecer los secretos profesionales. No. Nadie está obligado a compartir los algoritmos de búsqueda de Google o la fórmula de la Coca-Cola.

Pero la reputación que se obtiene mediante la participación en foros temáticos, en posts de estado en redes y en ayudar a quien ha lo haya solicitado es infinitamente superior ante los ojos de los demás usuarios que lo que hayas indicado en tu perfil. Bien al contrario, son muchos los casos de gente que pretende alcanzar reputación por medio de su perfil, pero que no muestra o no es capaz de entender que aquélla solo se alcanza por nuestro comportamiento y actitud.

¿Cuáles son esas normas? Son las normas del sentido común. No están escritas en ningún sitio, sino que hemos sido los usuarios quienes las hemos instaurado por acuerdo tácito. Ante todo, la primera ha de ser la de la colaboración. Participar y colaborar activamente en hilos y foros ya existentes, aportando contenido.

Lo más importante es ser consciente de que debes dar sin esperar recibir. Todos conocemos casos de gente que solo utiliza Twitter u otras redes cuando precisa la ayuda de los demás, pero difícilmente lo encontramos cuando es otra persona quien solicita colaboración.Sus "estados" en las redes suelen ser para demandar y raramente para aportar.

Muchas veces aceptamos como contacto a gente que no conocemos. Es útil hacer un pequeño seguimiento de la actividad de estos nuevos contactos para valorar su reputación en la red. Normalmente es gente que, en Twitter, sigue a más personas que le siguen; habitualmente, su red de contactos en Xing o LinkedIn es reducida y limitada a un área de conocimiento o geográfica; sus participaciones en Facebook solo sirven para intentar satisfacer sus demandas o sus convocatorias. En resumen, es un parásito virtual.

También podemos valorar la reputación de un contacto, por supuesto, por sus aportaciones a foros y grupos. Si éstas son escasas o solo buscan satisfacer su desconocimiento estaremos de nuevo ante el perfil de parásito que hemos mencionado antes. 

Quien, por el contrario, aporta valor y conocimiento, responde sin buscar nada a cambio, adquiere reputación y renombre en las redes. Quien gestiona grupos y fomenta la participación, quien apoya iniciativas de los demás y ayuda en su difusión goza de una alta "cotización" en el mercado de las redes. Y, evidentemente, puede preguntar y solicitar colaboración en los temas que precise. Y, además, la recibirá inmediatamente. 

¿Quién mide esa reputación? Nadie. Es algo que se instala en el inconsciente colectivo de los usuarios de la red. Cuando realizamos una pregunta sabemos quién nos puede contestar, quién nos va a contestar y de quién no vamos a tener noticia alguna.

Todo esto funciona a nivel personal. pero lo podemos aplicar igualmente a la gestión de comunidades y grupos profesionales. La reputación de marca se consigue con actividad y con proactividad. Y es algo que se marca a fuego en el inconsciente del usuario. Y el precio que tenemos que pagar compensa sobradamente los beneficios que se obtienen.
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