19 de mayo de 2009

ORDENADORES PARA NIÑOS EN EL BAZAR DE ZAPATERO

El último Debate sobre el Estado de la Nación arrojó en el terreno educativo la sorprendente propuesta por parte del Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero de que, para el curso 2009-2010, todos los alumnos de quinto de Primaria dispondrán de un ordenador personal (formato “notebook”). Esta propuesta se englobó en una serie de 12 que el Presidente Zapatero realizó en un plan para paliar o superar la actual crisis educativa.

No voy a entrar en la crítica de las propuestas en su conjunto, pero sí me interesa lo relacionado con el terreno educativo. Y me llama la atención la alegría con la que se hizo esta propuesta. Existen varios aspectos que me obligan a sentirme particularmente poco entusiasmado con la propuesta. Voy a tratar de explicar mis dudas en los distintos ámbitos en los que esta medida va a tener graves dificultades para aplicarse.

Vamos a iniciar planteándonos el por qué se ha optado por los alumnos de 5º de Primaria. Lo cierto es que no lo sé. Lo cierto es que tampoco se han ofrecido razones. Pedagógicamente tiene bastantes inconvenientes y no muchas ventajas. Los alumnos de quinto de Primaria son niños y niñas de 10 y 11 años. Su experiencia en las aulas de informática de los centros es mínima, si es que han podido tener alguna. Su hábito de uso doméstico se reduce habitualmente al manejo del ratón en aplicaciones y juegos. Pero el número de alumnos que está acostumbrado a la utilización de las aplicaciones más habituales a su edad (quizá un procesador de textos y un programa de presentaciones), es mínimo y, fundamentalmente, autodidacta. Quizá pueden ser más diestros en la utilización de navegadores de red, pero de manera pasiva.

Se supone que deberán ser capaces de escribir textos y números. ¿Van a seguir escribiendo con dos dedos, sin conocer siquiera la colocación de las letras y las cifras sobre el teclado? No se ha hablado de enseñar a estos niños a aprender a teclear “con todos los dedos”, de modo que ganarían agilidad y perderían los vicios que se adquieren por una utilización inadecuada del mismo. Pero eso no entra dentro del programa. O, al menos, nadie ha dicho que se vaya a implementar. Es cierto que los niños actuales forman parte de esa tribu llamada “nativos digitales”, pero esto no implica que los aspectos informáticos se aprendan por ciencia infusa. Un conocimiento mínimo va a ser preciso y no todos lo tienen.

Por otra parte tenemos a los docentes que van a disponer de una nueva forma de enseñar. Hasta ahora nadie se ha encargado de formarlos… y estamos en mayo; en junio tienen las evaluaciones y ya luego vienen los casi tres meses de vacaciones. Y no creo que estén dispuestos a sacrificar un solo día de sus vacaciones para formarse en una nueva forma de enseñar. Al margen de que una elevado porcentaje de los docentes son, en el mejor de los casos, “inmigrantes digitales”, nadie ha contado con la comunidad educativa para valorar la necesidad o la oportunidad de este cambio.

Además esto conlleva que las programaciones de los cursos deberán cambiar y adecuarse al nuevo entorno. ¿Cuándo se van a realizar estos cambios? ¿Quiénes serían los responsables de proyectar estos cambios? ¿Qué grado de conocimiento tecnológico se asume que los docentes deben poseer? Son muchas las interrogantes y pocas las opciones de respuesta.

Por otra parte, deberemos de considerar que los centros (particularmente los públicos) no disponen de la infraestructura tecnológica necesaria para permitir acceso a la red de un buen número de ordenadores (como se supone que será el caso). Esto quizá deberá obligar a una elevada inversión en poco tiempo para adaptarse a las nuevas necesidades que se crean, quizá con la necesidad de instalar, por lo menos, un servidor por centro. Y esto es solo un ejemplo. ¿Cuántos centros públicos van a estar preparados en septiembre? Pocos, muy pocos. Si es que alguno se va a adaptar durante el verano (¿?).

Y existe un área adicional. Si se va a cambiar la forma de dar clase, los elementos con los que se va a contar, el soporte de aprendizaje debe cambiar. Las editoriales deberían publicar los materiales para quinto de primaria en soportes multimedia y formato web para actualizaciones. ¿Cuántas de ellas lo van a realizar? ¿Cuántas de ellas saben lo que pueden adaptar y cómo hacerlo? ¿Existe tiempo para todo este cambio? ¿Dónde está el negocio de las editoriales con este nuevo sistema? ¿Van a encontrar rentabilidad en esta área? ¿Cómo queda el soporte libro?

Y todavía podemos añadir las dudas tecnológicas que se plantean, más allá del formato de notebook para los alumnos y los sistemas operativos a utilizar. Veremos si existen compatibilidades entre los distintos programas (aunque los de los ordenadores de los niños sean de código abierto), que los docentes lo sepan utilizar.

Estas son algunas de las interrogantes. Hay muchas más. Hace un par de años se pusieron a prueba las pizarras digitales en algunas comunidades autónomas. Su aplicación sigue siendo privilegio de unos pocos y con escaso entusiasmo por parte de los docentes. Claro que nadie les ha enseñado a aprovechar su utilidad, salvo que, una vez más, “motu propio”, algunos docentes han asistido a algunos cursos muy generalistas sobre las mismas. Siento ser tan escéptico, pero creo que fue una propuesta no meditada, tomada muy a la ligera, sin contar con quienes van a tener que trabajar con estos nuevos sistemas y con una precipitación escandalosa. Un paso más hacia ningún sitio.
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