8 de enero de 2009

LA OCULTACIÓN DE LOS SENTIMIENTOS

La percepción y la expresión de los sentimientos se desarrollan en las personas desde los primeros estadios de la vida. La capacidad de fiarse de los sentimientos y de reflexionar sobre ellos se establece en estos primeros años. Existen una serie de emociones básicas que están presentes en todas las culturas: felicidad, ira, sorpresa, tristeza… Todas ellas se expresan de modo similar (gestualmente). Reconocer emociones ajenas supone el primer paso de la interacción emocional entre las personas. Interpretación de una emoción, los recuerdos, estados mentales son características que el ser humano va desarrollando para alcanzar su madurez emocional. Cómo se experimenta la emoción (fisiológicamente), cómo se perciben las sensaciones y los sentimientos van íntimamente ligados a la atribución de significados cognitivos y emocionales.
Desde pequeños nos enseñan a controlar los sentimientos, a decidir sobre su expresión u ocultación. Las creencias fomentan la ocultación de los sentimientos destructivos, excesivos, pero no se trabaja lo suficiente en el reconocimiento de los propios sentimientos. Se establecen los límites entre e yo cognitivo y el yo emocional, que se complementan para organizar el comportamiento. Ser responsable y sensible implica aprender a expresar el yo emocional con eficacia, eligiendo los sentimientos que se desea compartir y con quién hacerlo, y reconciliando los propios sentimientos con los ajenos.

La personalidad comprende todas las habilidades, hábitos y preferencias que se han desarrollado a través de la experiencia y el aprendizaje, y que distinguen a una persona de las demás. De la misma forma que podemos reconocer la asertividad a través de las actitudes y los comportamientos que la expresan, también estamos perfectamente capacitados para poder percibir la inasertividad en todas sus manifestaciones y ver qué factores las desencadenan.

La actitud asertiva manifiesta un alto grado de humildad y de sabiduría o inteligencia, ya que de todo lo expuesto se deduce que una de las principales características de la persona asertiva es su interés hacia el aprendizaje y la experimentación... y este comportamiento sólo puede darse cuando una persona es consciente de su propia ignorancia, de todo aquello que le falta por saber, por mucho que sepa, y de la imposibilidad de alcanzar el conocimiento absoluto. Podemos saber mucho de muy poco o un poco de mucho o nada de mucho o un poco de casi nada... pero el conocimiento global es inalcanzable, por lo que hay quien

· sabe —se da cuenta y actúa en consecuencia— que no sabe
· no sabe — no se da cuenta o no actúa en consecuencia— que no sabe

Las personas que se identifican con el primer grupo se dan cuenta de todo lo que les falta por aprender y escuchan. Son humildes, por lo que observan, se interesan, consideran, intervienen, averiguan y descubren, a través de la experimentación diaria y de la mejora... de lo que podríamos deducir que la humildad es la entrada principal hacia la sabiduría (saber que no se sabe).

Los del segundo grupo, no se dan cuenta de todo lo que les falta por aprender y creen que lo saben todo o actúan como si lo supieran casi todo. Es la actitud a través de la cual se expresa la ignorancia y es mucho más habitual de lo que pueda parecernos. Cada vez que dejamos de escuchar a una persona que nos habla, cada vez que no nos interesamos o desestimamos las ideas y las opiniones de los demás, estamos manifestando que no sabemos que no sabemos, porque no nos interesa lo que nos pueden explicar o lo que podamos aprender de ello, porque... ¡qué nos van a decir, que no sepamos ya!

Para ayudarnos acrecer ya vencer los desafíos de la existencia, la naturaleza nos dota de tres inteligencias que hay que aprender a usar bien: la inteligencia del ESTÓMAGO (Instintos), la inteligencia del CORAZÓN (Sentimientos), y la inteligencia de la CABEZA (intelecto)
  • La inteligencia del ESTÓMAGO es visceral, es poderosa, moviliza el cuerpo y la fuerza de voluntad, se manifiesta en forma de impulsos e instintos, sirve para motivarnos, para luchar por vivir, para encontrar nuestro "espacio" entre los demás y para marcar límites saludables entre nosotros y ellos. Cuando no está bien centrada da lugar a problemas con la rabia.
  • La inteligencia del CORAZÓN es emocional, nos incita a entregarnos a otros, a amar y cuidar a los demás deseándoles el mayor bien. La energía del corazón se manifiesta en forma de vitalidad (permitiéndonos gozar de los sentidos, de las sensaciones y del contacto sano y lúdico con los demás), y de generosidad y abundancia (permitiéndonos gozar cuando procuramos que los demás sean felices y cuando vemos que les van bien las cosas). Cuando la energía del corazón está desequilibrada, ocasiona problemas con la tristeza.
  • La inteligencia de la CABEZA es intelectual, nos incita a pensar, observar, resolver problemas mentales y sacar conclusiones. Sirve para diferenciar entre realidad y fantasía. Se manifiesta en forma de pensamiento lógico (razonamiento) cuando hay que enfrentar decisiones de carácter objetivo, y en forma de intuición cuando hay que avanzar en situaciones inciertas o poco claras (la intuición es una especie de "linterna" que ilumina el lugar donde podemos dar el siguiente paso en un camino oscuro y con niebla. Cuado la energía de la cabeza no está bien asentada, da lugar a problemas con el miedo.

La tristeza, el miedo y la rabia no aparecerán tan a menudo si desarrollamos habilidades de relación y afrontamiento de problemas, es decir, si potenciamos nuestro crecimiento en lo específicamente humano. Esto incluye reflexionar, autoanalizarse y tomar modelos en áreas como la ética de las relaciones, la aceptación de la diversidad, el arte de amar, la no violencia, la empatía, la automotivación, la resolución de conflictos y el equilibrio personal. Disciplinas todas ellas que, hoy en día, se enmarcan en el concepto de INTELIGENCIA EMOCIONAL.
Los dos principios por los circularía nuestra autonomía emocional podrían ser:
  1. Las emociones se activan como resultado de nuestra forma de ver e interpretar lo que ocurre. Debajo de cada emoción hay una valoración, un pensamiento o una creencia.
  2. Nuestras reacciones emocionales nos dan mucha información sobre nosotros mismos y su observación nos ayuda a conocernos mejor.
La sociedad nos impone una serie de creencias internas que pueden fomentar la ocultación:
  • La obligación de SER PERFECTO: Nos hace bloquearnos frente a la posibilidad de cometer errores y nos impide aprender de la experiencia. Es preferible cambiar esta obligación por el permiso de aprender poco a poco, enmendar nuestros fallos y seguir adelante.
  • La obligación de SER FUERTE: Nos sugestiona haciéndonos creer que hay que endurecerse para sobrevivir, que está mal tener sentimientos "blandos" y que no hay que mostrarse vulnerable. Es preferible cambiar esta obligación por el permiso de ser flexible frente a la adversidad, aprender a cuidarnos para persistir, mostrar nuestra vulnerabilidad y dejarnos ayudar por los demás.
  • La obligación de COMPLACER: Nos hace temer de la opinión que de nosotros se haga la gente y nos impulsa adar imagenes socialmente aceptables pero alejadas de nuestra autenticidad. Nos sugestiona para que nos aterre la idea de decepcionar a otros y no nos sintamos capaces de poner límites a demandas poco razonables. es preferible cambiar esta obligación de complacer por el permiso a ser auténticos ya actuar de modo que nos parezca correcto a nosotros mismos aunque a algunas personas les parezca mal.
  • La obligación de DARSE PRISA: Nos sugestiona haciéndonos pensar que será terrible si perdemos una oportunidad, sea la que sea. Nos asustamos pensando que si no llegamos a todo, todo se derrumbará, pero lo normal es que los que nos derrumbemos seamos nosotros en nuestro inútil Intento de abarcar lo inabarcable. Es preferible cambiarlo por el permiso de priorizar unas pocas cosas y dejar pasar las demás. Por el permiso de disfrutar del viaje de vivir en lugar de obsesionarse en llegar sin experimentar el camino.

El psicoanalista Rollo May afirma que la persona evolucionada es capaz de diferenciar los sentimientos estableciendo muchos matices, como si fueran los diferentes paisajes musicales de una sinfonía. Pero en muchos casos, sigue, nuestros sentimientos son "tan limitados como las notas de un toque de corneta".

El repertorio de adjetivos que utilizamos para calificar a los demás suele ser mucho más extenso que el de los conceptos que describan con claridad nuestros estados de ánimo. Se nos educa Rara estar más Rendientes de influir en los demás gue Rara estar en contacto con nosotros mismos. Tenemos metida en la cabeza la siguiente pregunta: ¿Qué esperan los demás que yo diga o haga?


A menudo, nuestros sentimientos quedan ocultados tras pensamientos y juicios. Por ejemplo, a una persona que contaba que su compañero de cuarto ponía la radio demasiado alta por la noche, se le preguntó: ¿Qué sientes al respecto? Contestó: "Que no son horas de hacer tanto ruido". Cuando se le dijo que eso era un pensamiento, y se insistió en la pregunta, dijo: "Lo que yo siento es que si fuera como hay que ser, se comportaría como una persona normal", Al repetirle que eso era una opinión, dijo: "No siento nada". No era así. De hecho, abrigaba sentimientos al respecto, pero no era consciente de ellos. Simplemente escuchando sus opiniones se podía detectar cuáles eran.

La ocultación de los sentimientos no ayuda ni a uno mismo ni al buen desarrollo de las situaciones con los demás. Por el contrario, expresar sencillamente lo que sentimos, experimentamos y necesitamos, sin reproches ni exigencias, abre las puertas del entendimiento mutuo.

Pero la comunicación social requiere que asumamos que nuestros sentimientos nos pertenecen. Los demás pueden ser estímulo para nuestros sentimientos, pero no su causa. Nuestros sentimientos son el resultado de cómo elegimos tomarnos lo que dicen y hacen los demás, así como de nuestras expectativas y necesidades particulares de cada momento. Se trata pues de aceptar la responsabilidad de lo que hacemos para generar nuestros propios sentimientos.

La comunicación social fomenta y se apoya en la autonomía emocional, que se apoya en la conciencia de que somos responsables de lo que sentimos, de que no somos responsables de lo que sienten los demás, y de que nunca conseguiremos satisfacer nuestras necesidades a expensas de las de los demás.

Para ti, Sonia.

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