15 de septiembre de 2008

TERMINÓ LA GRAN FIESTA DEL AGUA



ExpoZaragoza 2008 echó brillantemente su telón el pasado domingo de manera oficial y definitiva. Fueron 93 días en los que los pabellones se llenaron de público y más de cinco millones y medio de personas pudimos valorar los esfuerzos que se realizan en muchos países por aprovechar de manera razonable un bien tan escaso y de concienciarnos de la necesidad de utilizar un elemento tan esencial para la superviviencia del planeta.

Aunque la Tierra está compuesta en sus tres cuartas partes por agua, solo un 2% de la misma es agua dulce. De ella, la mayor parte se concentra en los casquetes polares y solo una mínima parte es potable para el ser humano. Desgraciadamente el factor humano está contribuyendo de manera decisiva en la rápida degeneración de la misma y el cambio climático que estamos provocando puede acabar con esas reservas de agua dulce, imprescindibles para el mantenimiento de la biodiversidad y del propio ser humano. 

Los pabellones temáticos nos ayudaron a concienciarnos de que no es un problema de otros, sino que lo es de todos y todos debemos contribuir, en nuestra pequeña o gran medida, a una utilización racional del agua en nuestra vida diaria. Sin ánimo catastrofista se nos trataba de hacer ver la necesidad de utilizar el agua si despilfarros, utilizando la que debemos, sin excedernos en su uso.

Los pabellones nacionales describieron, conforme a su cultura y tradiciones, los usos del agua en sus distintos territorios. A los espectaculares y abarrotados pabellones de Japón, Kuwait o Alemania es de justicia reseñar, por su atractivo visual, los de Dinamarca, Argelia, Francia y Aragón. Pero cualquiera de los casi 100 países expositores merecía ser visitado.

Que los tres meses de "fiesta del agua" sigan en quienes los hemos disfrutado, aprovechando la lección recibida. Más de cinco millones y medio de personas hemos aprendido que el agua es un recurso limitado y que debemos tratarlo con el mimo y el cuidado que merece. He querido esperar a que se cerrase el telón para comentar mis impresiones de la misma; siempre hay quien podría pensar en que habríamos estado haciendo proselitismo. Y nada más lejos de la realidad.

Y llegará, llegará, llegará la tormenta que anuncia el cielo.
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