9 de abril de 2007

La carretera

Mi vida empieza allí
donde termina un film
con el cadáver
de Jimmy Dean.
Los muertos del arcén
no cuentan para aquél
que ha nacido
para correr
[...]
(estrofas iniciales de la canción "Autopista" de Loquillo y Los Trogrloditas)

Una vez más, el periodo vacacional con el que nos obsequiamos los humanos para celebrar el fin del invierno y el inicio de la primavera (antes de que algunos lo maquillaran de contenido esotérico), vuelve a estar trágicamente en los titulares de los medios de comunicación debido al elevado número de accidentes de carretera y las más de cien personas que no volverán nunca a sus domicilios y los otros tantos que tardarán en hacerlo o lo hicieron tras tener que pasar por un hospital.

La Dirección General de Tráfico nos castiga con feroces campañas en prensa, radio y televisión advirtiéndonos de algunos de los riesgos que se corren en estas fechas. Si ese tipo de publicidad no fuera institucional sino de algún producto privado se habrían vertido ríos y ríos de tinta criticando su falta de tacto y de sensibilidad. Las cifras, por el contrario, no parecen dar la razón a quienes se apoyan en estas campañas. ¿Será que no se está acertando con el mensaje o será que se están buscando causas diferentes a las reales?

Me produce tristeza haber escuchado a un alto cargo político responsable de este área sentirse satisfecho con una cifra "X" de muertos en este periodo. Mientras haya uno solo este señor no debería sentirse nunca satisfecho y no debería siquiera esbozar una sonrisa. Esas cifras se refieren a personas y, ante todo, dolor, mucho dolor.

No voy a mostrarme tan ciego como para no reconocer que el exceso de velocidad está presente en muchos de los accidentes, pero se debería tener en cuenta el estado infame de muchas autovías y de muchas carreteras de doble sentido, las cuales ahora parecen estar en el ojo del huracán.

Y, ¿qué deberíamos decir de esos preciosos radares fijos en medio de una recta o de la mayoría de los radares móviles camuflados tras los setos de la autovía o inmediatamente detrás de la señal de 50 a la entrada de un pueblo? ¿Por qué no se ponen los radares fijos donde se debe realmente reducir la velocidad? ¿Por qué la Guardia Civil de Tráfico no se coloca en los puntos donde está prevista mayor concentración de vehículos y se olvidan de su misión recaudatoria y pasan a la acción previsoria?

Veo lejano el día en que la cifra de muertos en carretera sea simbólica, por no decir nula. Podemos poner mucho de nuestra parte, pero, aunque pusiéramos todo, no podríamos estar seguros al ciento por ciento. Mientras tanto, no dejemos de olvidar que, detrás de cada cifra, existen muchas tragedias personales.

Tengo que pensar que, esta vez, también me he librado.
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