9 de julio de 2008

AHORA, EL ESPAÑOL ESTÁ EN PELIGRO

Es loable contar con egregias figuras que defiendan el buen uso y la vigencia de la lengua común de los habitantes de España y de América Latina. Es necesario disponer de instituciones que velen por su buen uso y funcionamiento. Es importante que quienes hacen arte con el idioma se desvelen por su corrección. Pero resulta triste apreciar cómo han sido manipulados algunos de estos insgnes próceres de nuestro idioma en aras de un Manifiesto que no tiene otro objetivo que el de socavar posiciones políticas y que se utiliza con desprecio en aras de un fin patético y oscuro.

Que en Cataluña llevan casi 30 años de enseñanza en catalán y que el español ha dejado de ser la lengua vehicular del aprendizaje es una noticia que no es nueva. Tiene, precisamente, unos 30 años. Pero no por eso hemos encontrado los que utilizamos el español regularmente mayores problemas de comunicación con la población catalana. Y lo mismo se podría decir de los habitantes de Euskadi, de Galicia, de Baleares e, incluso, de Valencia, aunque, en este útlimo caso, lo verdaderamente complicado ha sido encontrar a hablantes bilingües.

Los resultados de la asignatura “Lengua Española” en la Selectividad pre-universitaria demuestran que el conocimiento de la lengua de Cervantes o de García Márquez es muy similar en todas las comunidades. Más aún, defiendo enérgicamente que quienes disfrutan de comunidades bilingües tienen una gran ventaja en términos de aprendizaje sobre aquéllos que lo hicimos en comunidades monolingües. No creo que sea el momento de sacar a relucir las teorías de Ferdinand de Saussure que preconizan que el idioma condiciona la forma de aprehender el mundo. Y mamar dos lenguas implica ampliar el espectro de comprensión. Con esta teoría no pretendo defender la institucionalización de otras lenguas muy minoritarias del estado, pero sí defender el derecho a que se utilicen en el proceso educativo reglado. Un buen número de centros bilingües distribuidos por todo el estado facilitan formación en idiomas diferentes del español y con aprendizaje del español como segunda lengua materna. Y son muchos los padres que sacrifican buena parte de sus emolumentos en el beneficio de sus hijos en este aspecto. ¿Qué problema puede haber en que se haga lo mismo en comunidades bilingües?

Si bien es cierto que se podría fomentar la formación inversa (española, con formación de la lengua territorial como segunda lengua materna), no podemos decir que los 26 padres que la han solicitado en toda Cataluña sea una cifra lo suficientemente significativa como para que debamos preocuparnos por crear un problema que en estos momentos no existe.

En defensa de quienes han firmado dicho Manifiesto hay que reconocer que su preocupación no es que se utilice o no el español como lengua vehicular, ni la presunta contaminación entre ambas lenguas, sino que se dejara de percibir el español como lengua materna y de utilizarlo como tal. Y no va a ser así. Los idiomas tienen la suficiente solvencia y recursos para hacerse váildos en una comunidad y resultar imprescindibles. Las políticas de fomento de lenguas territoriales son necesarias para evitar su pérdida. La imposición de las mismas es cuestionable. Pero, no cabe ninguna duda, el español no está en peligro en España por las políticas educativas de algunas comunidades autónomas. Si existiera algún peligro, sería el de su mal uso y su empobrecimiento. Pero de esto somos todos responsables, no solo quienes diseñan las políticas educativas en comunidades bilingües. Y este tema sí que es grave y de él hablaré más en profundidad próximamente.

Pero, en lo relacionado con el Manfiesto – sintiéndolo por quienes creían hacer un favor al idioma y se han visto metidos en un charco mediático-corrosivo -, mi postura está clara: NO.
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