21 de enero de 2009

ADIÓS, ASESINO (Bye, bye, Mr Bush)

Estados Unidos estrena nuevo presidente. Desconozco qué tal lo hará Barack Obama, particularmente porque ha generado tal índice de confianza y de ilusión entre sus conciudadanos y en buena parte del planeta que será complicado que pueda mantenerlo, especialmente en circunstancias tan complicadas como las que estamos viviendo, con la primera crisis global tanto financiera como económica golpeando al denominado “Primer Mundo” y ralentizando peligrosamente a los llamados “países emergentes”.

Pero la esperanza del futuro no puede ni debe hacernos olvidar el pasado. Y el pasado es el nefasto personaje que ocupó la Casa Blanca durante los últimos ocho años.

No podemos olvidar que fue nominado presidente a pesar de haber obtenido menos votos que su rival y por medio de un truculento requiebro que organizó su hermano (a la sazón, gobernador de dicho estado), para que se recontaran los votos hasta que saliera lo que él quería que saliera. Vamos, que ni un candidato a presidente del Real Madrid podría haberlo hecho mejor.

Sus primeros meses fueron erráticos, devolviendo favores a los amigos de su padre y a quienes le habían apoyado para llegar hasta allí. El trágico 9/11 supuso el punto de inflexión definitivo que marcaría lo que ha sido su política durante todo el periodo. Mientras leía apaciblemente cuentos infantiles en una escuela, a sabiendas de lo que estaba sucediendo, se comenzó a forjar su objetivo fundamental: acabar con su virtual enemigo, con los enemigos que su padre se labró y no pudo aniquilar y con los que se fue inventando según sus amigos iban pidiéndole favores.

Así no tardó en ocupar militarmente Afganistán y apartar del poder a los fundamentalistas que su país ayudó anteriormente a instalar, para retirar el gobierno títere de la Unión Soviética, colocando otro gobierno títere, disfrazado de un falso halo democrático. La excusa era que su enemigo virtual estaba amparado por el gobierno talibán de Afganistán; el tiempo y la realidad han demostrado que sigue oculto en alguna parte del planeta y que el gobierno títere actual no ha sabido crear las barreras necesarias para encontrarlo, frenar la insurgencia talibán y la ocupación tampoco ha servido para que el 80% de la economía del país siga basándose en el opio.

Por las mismas razones se inventó excusas (que luego se demostraron totalmente falsas y amañadas) para justificar una injustificable ocupación militar de Irak, apoyado por el líder de una potencia venida a menos (Tony Blair) y un correveidile que creyó que su país era su cortijo personal (José María Aznar). Tras esquilmar el país y enfrentar entre sí a fanáticos de distintas corrientes religiosas, convirtió el país en un reguero de sangre que no cesa de brotar casi a diario. Tras colocar un nuevo gobierno títere y hundir el país en el caos más absoluto, los pozos de petróleo que su padre no se atrevió a tocar en su aventura militar de 1991 pasaron a manos norteamericanas y británicas (no, para el mamporrero español no hubo nada). Los cientos de miles de iraquíes y los miles de soldados americanos muertos en el capricho delirante de este sujeto son el aval mudo de lo que hizo. Y otro país en ruinas.

Entre tanto, pasándose por la entrepierna todas las convenciones de guerra y de paz, de derechos humanos y de humanidad, ha creado campos de concentración que habrían enorgullecido a Hitler y fascistas de idéntico corte. Sin duda, el tristemente más popular es el que crearon en territorio cubano, en Guantánamo, pero existen otros menos conocidos, lo que puede dar a presuponer que las violaciones de Derechos Humanos fueron todavía mucho más graves.

Y, ahora, deja a un nuevo enemigo: Irán. Con un supuesto programa nuclear y un fundamentalista democráticamente elegido presidente del país Bush estuvo tentado de provocar otra carnicería como la de Irak. Solo el temor a otro fracaso y la imposibilidad de hacer creíble otra mentira le retuvieron de aumentar la escalada militar.

Por supuesto, en el polvorín de Oriente Medio, solo ha servido para justificar lo injustificable de las acciones de Israel contra el pueblo palestino y para fomentar la división entre las dos facciones que se disputan el poder en territorio palestino, sin respetar la voluntad del pueblo palestino, expresada democráticamente en las urnas.

Pero al pueblo norteamericano no le ha ido mejor. Al margen de los miles de soldados muertos en los juegos de soldaditos en los que se embarcó Bush pasará a la historia como el presidente más despreocupado por el bienestar de sus conciudadanos. Rodeado de malintencionados asesores y consejeros ha permitido impávido, como siempre, y asistido como espectador al derrumbe del sistema económico y financiero capitalista tal y como se configuró en las últimas tres décadas. La globalidad ha hecho el resto y favorecido el contagio universal.

George W. Bush, Dick Cheney y toda la cohorte de vampiros internos y advenedizos de fuera (como, por ejemplo, el marido de la concejal de Medio Ambiente de Madrid) que han estado alrededor de las esferas del poder durante los últimos años en Estados Unidos deberán ser juzgados por la historia y por el Tribunal Internacional de La Haya por crímenes contra la Humanidad, no respetar los Derechos Humanos y violar sistemáticamente la legalidad internacional para su propio y particular beneficio. Sus manos están teñidas de sangre inocente. Solo les deseo que vivan muchos años para que puedan ser debidamente juzgados y puedan penar adecuadamente. Sus manos están llenas de sangre inocente. Y esa sangre clama algo que ellos no han sabido aplicar: JUSTICIA. La venganza, ya se la han tomado por adelantado. Pero, por higiene política y social, sería bueno que se les aplicara cuanto antes. La memoria es frágil. Y más para los que interesa que se borre.
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Suscríbete por rss

Suscríbete por correo electrónico