5 de mayo de 2008

NO ES UN ENFERMO MENTAL

La tragedia que se ha vivido durante los últimos 24 años en la localidad austriaca de Amstetten no puede ser causada por un trastorno mental. Al menos no por alguien que muestra un cuadro médico al uso. Sin duda es una maquinación deliberadamente orquestada y con una capacidad de raciocinio demostrada.

Pero sí que existe un sustrato de desequilibrio que se debía haber detectado mucho antes. El ansia pedofílica de Josef Fritzl no es reciente. Tenía antecedentes por violaciones en su época juvenil. Parece que no fue obstáculo para crear una familia. Ni para la satisfacción de sus instintos más depredatorios. Pero nadie se quiso involucrar. Puede desaparacer una hija suya sin dejar rastro y echarle la culpa a una secta. Le "surgen" tres hijos en la puerta de su casa y nadie se extraña. Hace frecuentes viajes a Tailandia y parece lo más normal del mundo (aun con la conocida fama de recepción de turismo sexual y pederasta que acompaña al país).

Ahora todo el mundo se echa las manos a la cabeza y comienza a dejarse llevar por unas sopechas que nunca explicaron, por unas dudas que nunca trataron de aclarar.

Pero el asco y el sadismo de este hombre se mantenían ocultos. ¿Para quién? ¿Por qué ahora surgen las sospechas? Pero no, no tratemos a este hombre como un enfermo. El enfermo sigue unos patrones de conducta guiados por sus impulsos, sus instintos. Raramente utiliza la razón para estructurar su depravación.

¿Cuántas veces no miramos "a otro lado" y no queremos ver lo que tenemos delante? Deberíamos aprender. Puede haber otros Fritzl cerca de nosotros y no queremos verlos.
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