17 de marzo de 2008

CHINA Y EL CONFLICTO DEL TÍBET

Los recientes acontecimientos que vienen sucediéndose en el Tíbet llaman la atención sobre la (democráticamente) endeble base política sobre la que se asienta el gobierno de China. A estgas alturas no vamos a descubrir cómo se rige el sistema chino de gobierno. Sin embargo, los síntomas de apertura que ha provocado la globalización económica no se ven reflejados en el día a día de la política de la gran potencia del Este.

Resumo parte de la entrada de Wikipedia relativa al Tíbet, para poder tener una visión más exacta de lo que allí está sucediendo:

El Tíbet es una región autónoma del sudoeste de China, enclavada en el Asia Central, cuya capital es Lasa. Es un conjunto de tierras de gran elevación (más de 4.500 m), rodeada de las cordilleras de mayor altitud de la Tierra. En el concepto occidental "Tíbet" puede referirse a Región Autónoma del Tíbet o RAT (una subdivisión administrativa de la República Popular China), o al Tíbet histórico que consiste en las provincias de Amdo, Kham, y U-Tsang.

La población es en su gran mayoría budista, aunque el porcentaje de religiosos ha disminuido desde la invasión de China; sin embargo, recientes estudios aseguran que la población china, y específicamente tibetana, teme hablar sobre su religión, por lo tanto los datos carecerían de fiabilidad. La lengua mayoritaria es el tibetano. En el Tíbet se encuentra la mayor cima del mundo, en la frontera con Nepal, el Everest.

En 1904 los británicos enviaron un fuerte contingente militar y ocuparon Lhasa, forzando en esta forma la apertura de la frontera entre la India y el Tíbet. En 1906 los británicos firmaron un tratado con China por el cual el Tíbet se convertía en un protectorado británico.

En 1907 se firmó un nuevo tratado entre Gran Bretaña, China y Rusia donde se le daba a China la soberanía sobre el Tíbet. En 1910 el poder central Qing ejerció por primera vez el gobierno directo sobre el Tíbet. Sin embargo, en 1911 el estallido de la guerra civil en China obligó a las tropas de este país estacionadas en el Tíbet a regresar a aquel país, oportunidad que aprovechó el Dalai Lama para restablecer su control sobre el Tíbet. En 1913 el Tíbet y Mongolia firmaron un acuerdo reconociendo su mutua independencia de China. En 1914 se negoció un tratado entre China, Tíbet y Gran Bretaña denominado Convención de Simla. Durante esta convención los británicos trataron de dividir al Tíbet en dos regiones, lo cual no prosperó. Sin embargo los representantes de Tíbet y de Gran Bretaña firmaron un acuerdo a espaldas de China, mediante el cual el Tíbet sería una región autónoma de China y los británicos se adjudicarían 90.000 kilómetros cuadrados de territorio tradicionalmente tibetano que corresponde al actual estado de Arunachal Pradesh. Después de declarada la independencia de India, esta nación consideró esta región como suya en función a la frontera establecida en el mencionado tratado. China, sin embargo, rechazó tal posición, indicando que dicho tratado no tenía ninguna validez ya que no fue firmado por ellos y el Tíbet no era una nación independiente, sino un protectorado de China. La disputa por esta región ocasionó la guerra entre China e India en 1962.

Al estallar la Revolución de Xinhai y la Primera Guerra Mundial Tíbet perdió interés para las potencias occidentales y para China. En esa coyuntura el decimotercer Dalai Lama tomó el gobierno del Tíbet sin interferencia alguna de otros países.

China, sin embargo, nunca renunció a su hegemonía sobre el Tíbet. En 1950 el ejército chino invadió el Tíbet, derrotando fácilmente al débil ejército tibetano. En 1951 se redactó el Plan para la Liberación Pacífica del Tibet, el cual fue firmado por representantes del Dalai Lama y el Panchen Lama bajo la presión del gobierno chino. Este plan contemplaba la administración conjunta del gobierno chino con el gobierno del Tíbet. En aquella época la mayoría de los tibetanos vivían bajo un régimen de servidumbre por cuanto la mayor parte de la tierra era poseída por los lamas. El plan fue implantando pero no sobre todo el territorio, por cuanto las regiones de Kham Oriental y Amdo fueron consideradas como provincias chinas, llevándose a cabo una reforma radical de la tenencia de las tierras. En junio de 1956 y a consecuencia de esta reforma, estalló una rebelión en estas dos regiones, la cual, respaldada por la CIA americana, se extendió hasta Lhasa. El ejército chino logró doblegar la rebelión en 1959, en acciones militares que ocasionaron la muerte a miles de tibetanos. El decimocuarto Dalai Lama y sus principales colaboradores huyeron a la India, desde donde siguieron respaldando acciones rebeldes contra el ejército chino hasta 1969 cuando la CIA decidió no proveer más ayuda.

Aunque el Panchen Lama estaba virtualmente prisionero en Lhasa, los chinos lo mostraron como el jefe del gobierno del Tíbet en ausencia del Dalai Lama, quien tradicionalmente había sido el gobernante del país. En 1965 China introdujo cambios sustanciales cuando desposeyeron de las tierras a los lamas e introdujeron la educación secular. Durante la Gran Revolución Cultural Proletaria en China el Tíbet sufrió serios daños a su patrimonio cultural, incluyendo su herencia budista. Más de 6000 monasterios budistas fueron destruidos y millares de monjes y monjas budistas fueron muertos o prisioneros.

Desde 1979 se han venido haciendo reformas económicas pero no políticas. Las acciones de China sobre el Tíbet pueden considerarse, sin embargo, como moderadas. La mayor parte de la libertad religiosa ha sido restituida siempre que los lamas no cuestionen el derecho de China a gobernar al Tíbet.

En 1989 el Panchen Lama falleció y el Dalai Lama y el gobierno de China reconocieron diferentes reencarnaciones. A pesar que el gobierno chino se considera ateo, insistió en reconocer oficialmente la reencarnación del Panchen Lama, de acuerdo a la tradición Vajrayana budista. Para ello se valieron del procedimiento que se utilizó en la dinastía Qing mediante el cual el Panchen Lama era elegido en una especie de lotería utilizando una urna de oro donde el nombre de los posibles Panchen Lama estaban insertos en bolas de cebada. Por su parte el Dalai Lama nombró a Gedhun Choeky Nyima como el undécimo Pachen Lama, mientras que el gobierno chino eligió al niño llamado Gyancain Norbu. Gyancain fue criado en Beijing y aparece en público muy esporádicamente. Choeky y su familia, de acuerdo a los exiliados tibetanos, parecieran estar prisioneros. El gobierno chino afirma que está libre bajo una identidad falsa a fin de proteger su privacidad.

En la actualidad si bien existen discrepancias acerca de cuan opresiva es la dominación china en Tíbet, lo cierto es que internacionalmente se considera esta región como parte de China y ningún país extranjero ha reconocido al gobierno en el exilio del Dalai Lama.

A falta de pocos meses para los Juegos Olímpicos de Beijing se produce este levantamiento en la provincia sometida y el mundo entero comienza a tomar conciencia de la situación. Pero, ¿servirá de algo? Las acciones rebeldes vinieron propiciadas por los monjes que residen en los monasterios budistas de toda la zona, interpretando, por una parte, el mensaje transmitido por el Dalai Lama para provocar la situación, y, por otra, emulando al levantamiento que tuvo lugar hace unos meses en la antigua Birmania, donde los monjes tuvieron un papel preponderante.

Es muy difícil que Occidente dé su apoyo a las reclamaciones populares tibetanas. Los vínculos económicos que se han establecido y reforzado en los últimos años van a ser un obstáculo muy importante. Y, con la perspectiva olímpica en el horizonte, se ve muy lejana la posibilidad de un boicot al gran evento deportivo, boicot que, por otra parte, no dejaría de ser una acción más simbólica que efectiva.

Y, mientras tanto, con cámaras delante, asistiremos a una nueva demostración de fuerza del gobierno chino y a una nueva claudicación de las aspiraciones nacionalistas tibetanas, que gozan de más apoyo mediático que real en Occidente.

Por desgracia, esta vez, "tampoco toca". El conflicto de Tíbet, larvado, pero existente, se mantendrá durante unos años más. Mientras no exista petróleo, no levanta el interés de las grandes potencias. Y China seguirá lucrándose del turismo de la zona. Y los tibetanos, al igual que pasó con los indios nativos norteamericanos, quedarán reducidos a la mínima expresión. Si es que quedan.
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