19 de marzo de 2007

El libro de las ilusiones

Ayer fue un día agridulce para mí. Después de unas dos semanas había terminado de leerme "El Libro de las Ilusiones", del escritor norteamericano Paul Auster. Hoy tengo la sensación de que me va a faltar algo; necesito saber más de lo que ha sucedido o va a sucederle a David Zimmer, su protagonista y querría saber si se puede obtener más sobre la vida y obra de Hector Mann. Me da miedo que llegue la noche y solo pueda revivir lo que ya he leido, lo que ya conozco. Y esto, para un libro, es mucho más de lo que se le debiera exigir.

Todas las noches, en estos últimos días, trataba de buscar un hueco, antes de dejarme llevar por los misterios del sueño, para leer unas páginas. Y el libro se lee rápidamente (solo tiene unas 330 páginas, lo cual es de agradecer para lo que se viene estilando en los últimos años). Y en esta virtud está el mayor vicio, ya que, una vez iniciada su lectura, no puedes dejar de pensar en ella, de analizar los personajes, de entender lo que hacen, por qué lo hacen y cómo lo hacen. Daba igual que estuviera muy cansado o que, por el contrario, me acostara con suficiente tiempo para poder leer; todos los días encontré ese espacio para penetrar en la trama y creerme parte de la misma.

No es la primera obra que leo de Paul Auster; bien al contrario el año pasado me lancé a degüello sobre Brooklyn Follies y The New York Trilogy, los cuales fueron un auténtico bálsamo y un alucinante viaje hacia los temas que capitalizan la obra de Auster, tales como el azar, la exaltación del individuo o la ciudad de New York, entre otros.

En esta ocasión no había elegido la obra en una librería, sino que fue un obsequio inesperado de un grupo de amigos. No dejo de pensar si alguien ya sabía que iba a establecer directos paralelismos entre lo que está sucediendo en mi vida interior y el protagonista David Zimmer; o entre lo que alguien ha supuesto y supone realmente y el efecto desencadenante del personaje de Hector Mann; o esa aspiración que alguien puede impersonar y que constituye ese auténtico Demiurgo platónico que encarna el personaje de Alma. Pero, a quien eligió el libro, y a quienes lo apoyaron, jamás podré agradecerles lo suficiente haber puesto en mis manos esta joya.

En este caso, son muchas las identificaciones y las traspolaciones que "El Libro de las ilusiones" ha creado en mi mente, en mi mundo. Son varias las personas reales que he visto en el libro y son sus relaciones un compendio de realidad, ensoñación y aspiración que parecen extraidas directamente de la vida de cada uno.

La trama versa sobre un escritor y traductor (David Zimmer) que decide escribir la biografía de un actor y director de películas de cine mudo (Hector Mann) cuyo rastro se pierde en los primeros años 30. La búsqueda de la causa de su desaparición y la posibilidad de que todavía esté vivo arropan la vertebración de una psique recompuesta, precisada de dar pequeños pasos para recuperarse de traumáticas secuelas de un accidente de aviación.

Solo me queda recomendarte que, si todavía no lo has hecho, descubras a Paul Auster y su obra. Si comienzas por "El Libro de las Ilusiones" posiblemente obtendrás un valor añadido. Y, por supuesto, agradecer a quienes me obsequiaron con la novela. Quienes creyeron que debía leerlo porque se identificaron, o identifiqué, con alguno de los personajes, guardaremos el secreto, sin quemarlo en ninguna hoguera. No es preciso encender fuego para que permanezca en el interior.

Ya te contaré lo que haga esta noche.
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